Es la noticia del día. Google al fin sacará al mercado lo que tanto tiempo ha estado negando, un navegador web propio. Sí, basado en el motor de renderizado webkit (Safari, Nokia, Android…), pero con suficientes cambios sustanciales como para tener gran relevancia.
El primero es el cambio de enfoque del nuevo Google Chrome: No está orientado a páginas web sino a aplicaciones web. Hoy en día gran cantidad de los sitios que visitamos están lejos del antiguo mundo estático de HTML+CSS, utilizando Javascript de forma masiva para ofrecernos una experiencia de usuario más cercana a las aplicaciones clásicas, pero con las ventajas de movilidad y sincronización que nos ofrece Internet.
Los navegadores actuales no están 100% preparados para ello, lo cuál muchas veces se traduce en cuelgues y frustación en el usuario, que no tiene porqué saber que (por ejemplo) Facebook exprime el navegador y por eso su navegación se vuelve más lenta. El usuario sólo quiere utilizar la web, sin preocupaciones.
De ahí que la idea de Google de crear un navegador que proporcione mayor estabilidad, rapidez y seguridad me parece perfecta.
Ahora bien, también hay quien opina que las aplicaciones web deberían salir del corsé de los navegadores y tener vida propia. Y es que si accedo a Gmail vía la aplicación nativa del Touch, me comunico con Twitterrific, ¿qué necesidad tengo que utilizar esas aplicaciones desde un navegador?
Ya es el camino que se está siguiendo, y creo que es el correcto. Las aplicaciones web deben tener vida propia, y además ser accesibles desde un navegador para no perder las ventajas de acceso a la información desde cualquier punto del globo donde tenga Internet. Google Chrome puede ser otro paso más de la evolución de la web.
Y de colofón, una imagen de como parece que va a ser el nuevo Google Chrome:
(captura vía The Mac Daddy)


